(texto dedicado al bar Mano a Mano, bar de Salamanca)
Mano a mano
Como no, estando en este bar, con este nombre y viendo que
el mundo no deja de pegarme patadas el culo, paso de la guitarra, de las
canciones y me dedico a contar mis frustraciones a través de escritos que
después de dichos no valdrán nada.
Delante de mi, un café, frio seguramente, nunca he soportado
beberme el café caliente, será por eso que dejo que tantas otras cosas también
se enfríen, porque en caliente nunca es bueno decidir.
Total que dispuesta hoy a comerme el mundo, me levanto, no
por la mañana, sino más bien a mediodía, que el día es bien largo y más ahora
que tarda más en hacerse de noche, y sin prisa cojo el autobús, ese dignísimo
autobús que se cae a trozos, el cual odio por encima de todo lo deseable del
planeta. A mi lado una chica que mira raro a un bebé, el bebé duerme, que no sé
cómo, puesto que la madre no para de zarandearlo para asegurarse de que está
bien sujeto y que los frenos del carrito no se van a mover, lo hace todo sin
darse cuenta de que su pequeño está teniendo unas tiradas de cuello que no son
normales y que muy probable le pasen factura en unos años sin ella entenderlo.
En fin llegar a Salamanca después de 9 rotondas es mareante,
si tienes alergia, como es mi caso, llegarás mareada y encima ahogándote,
suerte que nada más bajar del autobús hay un kiosko maravilloso. ¿Lo malo?
Cuando te ahogas la kioskera no te entiende y cuando por fin sabe que le estas
pidiendo agua le entra la duda de si la quieres fría o del tiempo. Cuando casi
tienes el sabor de agua de venganza en tu boca ella está apurada, no quiere
darte el agua, tu la necesitas, el mundo se impacienta, la cola crece y el caos
se hace a los pies de una kioskera. Todo acaba cuando ella decide en el último
momento dartela fria, que bien podría haberlo pensado antes teniendo en cuenta
que estamos a 24 grados, en chanclas y tirantes. Pero sus dudas desaparecen
cuando ve que cojes el agua co la mayor de las alegrias y la engulles. El mundo
se detiene, al fin puedes hablar “¿Cuánto es?” Ella te mira, con esos ojos desatados
por el tiempo y te dice “Sólo 80 centimos” Por 80 cnt me podría haber comprado
4 botellas en cualquier supermercado pero ojo! Ese es el precio del frío. (Esto
me hubiese consolado de no ser porque cómo buena expunki sé que cualquier
objeto caliente de un supermercado si lo dejas en los congelados 15 minutos
mientras te das una vuelta se enfría perfecta y cómodamente)
Ay Salamanca!!! Ciudad de bajas pasiones y culos inquietos.
“Mano a mano” repito el título simplemente porque aparezca,
porque si no no tendría ningún sentido. Ahora es cuando me pongo a filosofar
acerca del mundo, de la vida y esas cosas. En mi cabeza una canción “Disarm”
Smashing punkies la canción empieza diciendo “te desarmo con una sonrisa”… que
bien, me siento estupenda. Soy una especie de Britget Jones con millones de
frases de esas que te hacen pensar. La primera está colgada en la pared, me la
regaló una amiga “Confía en el tiempo que da dulces salidas a amargas
decisiones”. Ahora esa no me ayuda, cambio de canción y sigo con la filosofía…
Marea, este grupo no falla tiene buenas canciones muy fieles a su estilo pero
de todas sus putas canciones mi ordenador elige aquella que dice “Entre amores
nunca se ha caido de pie, que se descuida y se vuelve a caer”. Cambio de
canción a algo que se que nunca nunca me fallará, Manolo Cabezabolo, este
hombre nunca será romántico es imposible, no le sale, eso hoy me ayuda, en mi
lucha contra el mundo, contra mi alergia y contra kioskeras asesinas.
Seguimos con la tarde estupenda, contando penares, la
guitarra a un lado, sigo sin querer cogerla, que le voy a hacer, hoy no tocaba.
Segundo café, pasa una hora, sigo escribiendo…..nada, no ya
no escribo, el mito del pánico al folio en blanco se aparece… Tercer café, hora
de trabajar…. Cuarto café… hora de trabajar… no hay café. El café siempre
desaparece cuando más lo necesitas, es como las gominotas, las tartas y yo
misma.
Llega la noche, tengo que subir a un escenario y sonreír, es
mi profesión y mi desdicha o quizás eso hace que me alivie, el estar aquí
arriba, leyendo la vida de otro, haciendo lo que siempre quise hacer y
sintiéndome como nunca me voy a sentir.
Me quedo para terminar con la última canción:
Y ahora me importa una mierda
si he llegado o me he rendido
O si me he parao mil años pa beber junto a los mios
Y ahora me importa una mierda
El saber ke he defraudado
El saber ke nunca he dado lo ke de mi se ha esperado
Y ahora me importa una mierda
Verdad, verdadera. Ya era hora de que actualizaras, cacho vaga!!
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