GACELAS HERIDAS
Salir un sábado por la noche tiene ventajas e
inconvenientes. Una de las ventajas es que te arreglas, te pones guapa con la
intención de que tus amigas van a ir así y tu no puedes ser menos.
Nos disponemos a salir, primeramente está el autobús, aquí
ya vas viendo el ambiente, que mayoritariamente en verano no lo hay, por lo que
el autobús va prácticamente vacío, lo cual agradezco enormemente por haber
salido con tacones.
Llegamos al primer bar, cuando sales todos los sábados
tienes ya un recorrido fijo, quizás otro día probemos cosas nuevas, pero hoy no
era ese día.
Saliendo de ese bar ya tenemos destino fijo, “el Pakipa”,
qué bar, ese bar con mezcla de canciones y con locos que se suben a los carros,
que ya de por sí es raro tener un carro en medio de un bar pero si le pones un
loco pasa totalmente desapercibido, yo creo que poner un loco en el carro ha
sido un gran acierto.
Nada más asentarnos, dejamos bolsos, chaquetas y ya estamos
listas para bailar, la pista es nuestra no hay nadie, nos volvemos locas,
cantamos a grito pelao moviendonos de un sitio a otro y saltando. En nuestro
inconsciente necesidad de baile no nos damos cuenta que se está llenando el
bar, mayoritariamente tíos. Nosotras seguimos saltando (recordemos que sigo
llevando tacones), cuando nos queremos dar cuenta estamos rodeadas, todo el bar
nos mira, los grupos se turnan, piensan con cual quedarse en caso de tener
éxito, lo sabemos porque nos miran nos señalan y vamos viendo cual nos tocaría
a cada una. Entre tantos hechos juntos e inesperados nosotras seguimos saltando
y una amiga sentencia “Somos gacelas heridas chicas”. Nos paramos en seco, el
sudor frio que recorre nuestro cuerpo nos hace mirarnos entre nosotras y a
partir de ahí se hace el caos, un grupo a nuestra derecha nos entra, como no
consiguen nada sacan la artillería pesada, su amigo, el cual nos cuenta las
numerosas habilidades del chico, cuando por fin se casan se van. Se acerca el
siguiente grupo, estos más discretos, mientras el primer grupo espera
pacientemente a que echemos al segundo para pedirnos una foto. Típica foto
tuenti, de repente volvemos a tener 16 años, nos sentimos queridas, importantes
y empezamos a sufrir los efectos de la puta fama. Aparece un tercer grupo este
menos numeroso, lo cual nos da mas miedo. Dos tipos que se acercan con la sana
intención de preguntarnos por qué no conseguimos hacer bailar a nuestra tercera
amiga, les vale con una explicación sencilla
“no le apetece” y se largan… “ohh vaya que majos, pensamos”, craso
error, simplemente se retiraban para volver más tarde. Cuando pensamos que la
noche ya no puede dar más de sí llega una chica que poco a poco se me
acerca…”hola” dijo ella, “hola” dije yo. Ella me mira con su mejor sonrrisa y
me dice “ves a los dos chicos que hay detrás de la mesa??”. Yo miro,
ciertamente los dos amigos estaban impresionantemente bien, chicos bien
vestidos, cuidados, de gimnasio yo ya me veía en un extasis de pasiones
desenfrenadas con cualquiera de los dos pero claro está que todo estaba en mi
mente, esos no eran sus amigos. Sus amigos eran dos besugos destripados sin
ganas ni de caminar que me miraban con ganas de un ... de un... ni siquiera sé como definirlo pero estoy segura de que era insano. “oh vaya
lo siento… esque tengo…. Yo estoy con…..” mi cara dibuja la típica sonrisa de
smile y busco apoyo en mis amigas las cuales gritan “quedate con uno de los dos
y déjame vivir”. Mi cara descubre la muerte sólo con la mirada, entre chicas nos entendemos por ello, ella, se retira a explicarle a sus amigos lo sucedido.
En fin dejados atrás a los dos besugos, los dos solitarios,
los dos grupos de tipos, llegó el único que faltaba: un punki salido que nos miraba
a 10 cm de distancia, nos sonreia e incluso trato de hacer una especia de
seguimiento con su mp3 el cual giraba en torno a nuestras cabezas para ver en
cual se paraba y a cual tenía que atacar. Nos entra miedo, pánico, tenemos un
punki que nos sigue por el bar con un mp3 dando vueltas si nos movemos a
izquierda o derecha tenemos que librarnos de tios, que no porque lo hayamos
hecho ya antes resulta menos difícil. Encontramos la salida y la solución en la
barra. Sí, oh dios! bendita barra a la cual te puedes apoyar descansar e
incluso esconder (esto no lo explico porque es personal y las cosas personales
no se cuentan en escenario, pero si, os podéis esconder si tenéis una barra).
Para acabar vuelven los dos tipos solitarios los cuales nos
invitan elegantemente a un chupito que rechazamos, decidimos como gacelas
heridas, cazadas y casi muertas regresar a un sano taxi para volver a casa. El
mundo hoy nos ha regalado no una noche si no “la noche” en la cual se alinearon
muchos pero muchos planetas, de eso estoy segura. Hoy guardo mis zapatos, con
lacito y atados al tobillo, lavo, tiendo, recojo y plancho con mimo mi
minifalda de vuelo y mi camiseta calada con espalda al aire, ays! qué tendría
yo aquella noche para estar tan irresistible…
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