lunes, 9 de julio de 2012

GACELAS HERIDAS


GACELAS HERIDAS

Salir un sábado por la noche tiene ventajas e inconvenientes. Una de las ventajas es que te arreglas, te pones guapa con la intención de que tus amigas van a ir así y tu no puedes ser menos.

Nos disponemos a salir, primeramente está el autobús, aquí ya vas viendo el ambiente, que mayoritariamente en verano no lo hay, por lo que el autobús va prácticamente vacío, lo cual agradezco enormemente por haber salido con tacones. 

Llegamos al primer bar, cuando sales todos los sábados tienes ya un recorrido fijo, quizás otro día probemos cosas nuevas, pero hoy no era ese día.
Saliendo de ese bar ya tenemos destino fijo, “el Pakipa”, qué bar, ese bar con mezcla de canciones y con locos que se suben a los carros, que ya de por sí es raro tener un carro en medio de un bar pero si le pones un loco pasa totalmente desapercibido, yo creo que poner un loco en el carro ha sido un gran acierto.

Nada más asentarnos, dejamos bolsos, chaquetas y ya estamos listas para bailar, la pista es nuestra no hay nadie, nos volvemos locas, cantamos a grito pelao moviendonos de un sitio a otro y saltando. En nuestro inconsciente necesidad de baile no nos damos cuenta que se está llenando el bar, mayoritariamente tíos. Nosotras seguimos saltando (recordemos que sigo llevando tacones), cuando nos queremos dar cuenta estamos rodeadas, todo el bar nos mira, los grupos se turnan, piensan con cual quedarse en caso de tener éxito, lo sabemos porque nos miran nos señalan y vamos viendo cual nos tocaría a cada una. Entre tantos hechos juntos e inesperados nosotras seguimos saltando y una amiga sentencia “Somos gacelas heridas chicas”. Nos paramos en seco, el sudor frio que recorre nuestro cuerpo nos hace mirarnos entre nosotras y a partir de ahí se hace el caos, un grupo a nuestra derecha nos entra, como no consiguen nada sacan la artillería pesada, su amigo, el cual nos cuenta las numerosas habilidades del chico, cuando por fin se casan se van. Se acerca el siguiente grupo, estos más discretos, mientras el primer grupo espera pacientemente a que echemos al segundo para pedirnos una foto. Típica foto tuenti, de repente volvemos a tener 16 años, nos sentimos queridas, importantes y empezamos a sufrir los efectos de la puta fama. Aparece un tercer grupo este menos numeroso, lo cual nos da mas miedo. Dos tipos que se acercan con la sana intención de preguntarnos por qué no conseguimos hacer bailar a nuestra tercera amiga, les vale con una explicación sencilla  “no le apetece” y se largan… “ohh vaya que majos, pensamos”, craso error, simplemente se retiraban para volver más tarde. Cuando pensamos que la noche ya no puede dar más de sí llega una chica que poco a poco se me acerca…”hola” dijo ella, “hola” dije yo. Ella me mira con su mejor sonrrisa y me dice “ves a los dos chicos que hay detrás de la mesa??”. Yo miro, ciertamente los dos amigos estaban impresionantemente bien, chicos bien vestidos, cuidados, de gimnasio yo ya me veía en un extasis de pasiones desenfrenadas con cualquiera de los dos pero claro está que todo estaba en mi mente, esos no eran sus amigos. Sus amigos eran dos besugos destripados sin ganas ni de caminar que me miraban con ganas de un ... de un... ni siquiera sé como definirlo pero estoy segura de que era  insano. “oh vaya lo siento… esque tengo…. Yo estoy con…..” mi cara dibuja la típica sonrisa de smile y busco apoyo en mis amigas las cuales gritan “quedate con uno de los dos y déjame vivir”. Mi cara descubre la muerte sólo con la mirada, entre chicas nos entendemos por ello, ella, se retira a explicarle a sus amigos lo sucedido.

En fin dejados atrás a los dos besugos, los dos solitarios, los dos grupos de tipos, llegó el único que faltaba: un punki salido que nos miraba a 10 cm de distancia, nos sonreia e incluso trato de hacer una especia de seguimiento con su mp3 el cual giraba en torno a nuestras cabezas para ver en cual se paraba y a cual tenía que atacar. Nos entra miedo, pánico, tenemos un punki que nos sigue por el bar con un mp3 dando vueltas si nos movemos a izquierda o derecha tenemos que librarnos de tios, que no porque lo hayamos hecho ya antes resulta menos difícil. Encontramos la salida y la solución en la barra. Sí, oh dios! bendita barra a la cual te puedes apoyar descansar e incluso esconder (esto no lo explico porque es personal y las cosas personales no se cuentan en escenario, pero si, os podéis esconder si tenéis una barra).

Para acabar vuelven los dos tipos solitarios los cuales nos invitan elegantemente a un chupito que rechazamos, decidimos como gacelas heridas, cazadas y casi muertas regresar a un sano taxi para volver a casa. El mundo hoy nos ha regalado no una noche si no “la noche” en la cual se alinearon muchos pero muchos planetas, de eso estoy segura. Hoy guardo mis zapatos, con lacito y atados al tobillo, lavo, tiendo, recojo y plancho con mimo mi minifalda de vuelo y mi camiseta calada con espalda al aire, ays! qué tendría yo aquella noche para estar tan irresistible…

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