FACTOR 50
Ir a la piscina es todo un acierto en verano, frescor,
chapuzones, niños gritando, chicos jugando a ser el rey león, leonas que se
agolpan buscando como hembras en celo un poco de sexo compasivo… en fin todo un
acierto.
Ese día íbamos a la piscina, la piscina!!! Esa piscina que
nadie pisaba desde hacia años, habría cambiado como nosotros? Sería diferente?
Qué tipo de gente nos aguarda ahora?
Efectivamente los años habían pasado, no en balde, yo me
recordaba como por aquel entonces, una pequeña asustada y acomplejada por sus
numerosos kilos de más y con una camiseta que ni en el más horrible de sus
sueños llevaría puesta ahora misma. Pero da igual porque han pasado los años.
Pagamos la entrada. Vemos que hay costumbres que no cambian,
como en el mejor de los colegios de pago nos separamos por sexos, las chicas
por un lado y los chicos por otro, esto tendría mucho sentido teniendo en
cuenta que son los vestuarios, pero carece por completo de él si nos fijamos en
que unos y otros están unidos por una amplia entrada abierta para pasar de uno
a otro y sin ningún tipo de separación. No quiero saber en qué estarían
pensando los arquitectos.
Una vez que entramos a la piscina sentimos el frio césped,
nos entran dudas ¿Se podrá pisar la hierba con chanclas? No lo tenemos muy
claro pero después de ver como uno de los chicos que paseaban por allí escupía
alegremente en la hierba decidimos que por nuestra propia salud quizás no
deberíamos ni estar pisando la hierba.
Nos dirigimos a la zona de sombra, colocamos nuestras
toallas las juntamos como buenos amigos que somos, eso no cambia. Jugamos a las
cartas, fundamental si vas a la piscina, nos embadurnamos de crema que
parecemos merengues. 5 objetos blancos no identificados se dirigen hacia la
piscina “de mayores”. Poco a poco llegamos donde no cubre, aquí toca decidir
¿me tiro de golpe o voy por la escalera poco a poco? Cada uno elige, está
también la opción de simplemente sujetar la valla, que por lo visto en esta
piscina es lo que más se lleva.
Decido tirarme como un hipopótamo deseoso de probar el agua.
Aquí llega el momento de autodestrucción. Yo cai en el agua, y cuando digo que
yo caí en el agua me refiero a que sólo yo caí en el agua, mi bikini desdibuja
mi forma quedando como un collar y mis pechos se asoman por el agua, mis
encantadores pechos al desnudo para todos los visitantes de la piscina. Para no
caer en un pánico absoluto me tapo rápidamente, me lo coloco y disimulo, Puede
que, a pesar de que mis amigos chillen cual manada de hienas en pura
provocación, los demás no hayan notado nada.
A salvo y con mi bikini de nuevo colocado cometo el error de
bucear. Cojo aire y… al fondo, caigo de nuevo yo sola mi bikini vuelve a
desfigurar mi figura y a ridiculizarme del todo. Empiezo a cogerle manía,
empiezo a creer que ninguno de los dos nos caemos bien y que ya lo está
haciendo por joder. En un último esfuerzo por tratar de comprender sus
necesidades lo ato con fuerza, “de esta vez no falla”, pienso yo. Ilusa de mi,
ilusa de creer que su venganza se había quedado en dos simples ataques. De
nuevo en un salto desafortunado frente al borde de la piscina mis pechos quedan
al descubierto, me siento por 5 minutos estrella del porno piscenil.
Regreso a la toalla. Me pongo al sol, bocabajo, ya no hay
más que hacer, he quedado en ridículo. Llego a casa esperando la comprensión
maternal que se resume en carcajadas diversas y un simple “bueno que le vas a
hacer”. Yo sabía que le iba a hacer, iba a tramar una venganza total y absoluta
hacia él, algo que no se esperase, que le doliese, quería que sufriera la
vergüenza que yo sufrí, pero recordemos que sigo hablando de un bikini sin
sentimientos y por mucho que me cueste creerlo sin vida. Con toda mi
indignación lo guardo en el cajón, aún sigo sin encontrar un emoticono que
exprese toda mi indignación

Fijo que es por el tipo de sujetador del Bikini, porque nunca en mis tropecientos años se han salido la Pepi ni la Juani de su sitio.
ResponderEliminar