COMO HE LLEGADO AQUÍ
El verano que trae consigo numerosos actos festivos, las
vacaciones que tanto nos atraen….De esto que un año tienes novio, todo cambia y
llega ese gran momento en el que lo presentas. Fuera de lo convencional yo
decido utilizar la técnica de “shock de distracción”. Ésta consiste simplemente
en que hablas muy rápido y tu víctima lejos de darse cuenta de todo lo que estás
diciendo entra en un estado zen de “no escucha” que te beneficia, véase este
ejemplo: “oh vaya llegamos de viaje y no tenemos donde dejar las maletas deberíamos
dejarlas en casa y así nos las quitamos de encima para poder salir de fiesta
tranquilamente por el pueblo ¿te parece?” (efecto shock) “eeehmmm bueno” Pobre
criatura, él no ha caído aún en su profunda inocencia que tu casa, no es tu
casa, es la casa de tus padres, y en la casa de tus padres habitualmente están…
tus padres. Pero cuando se quiere dar cuenta ya es tarde, está todo hecho, se
ve envuelto en una serie de actos conflictivos, de alegrías por reencuentros y él
ahí, en medio del pasillo intentando que su delgadez sea confundida con el
embellecedor de la puerta y así ser invisible.
El karma, sabio y viejo vencedor en estas ocasiones te lo
devuelve todo. Y no tardaría darme cuenta de ello ni tres semanas después,
cuando dicha criaturita inocente me dice que se marcha a su pueblo Colorín
Colorado (utilizo un falso nombre por no promocionar y dejar así el anonimato).
Total que pasan los días cual fueran horas y llega el día, allá va él, a Colorín
Colorado, mientras tu te quedas con cara de tonta imaginando toda serie de
improperios. La criaturita inocente te dice “tres semanas no es nada”, bien voy
a explicar esto porque lo considero importante. Cuando una criaturita te dice
esto quiere decir que pasados 3 días la frase se convierte en “tres semanas no
son nada ¡mis cojones!”. Total que con toda su buena intención Criaturita
Inocente llama cual polluelo piando por comida para que le lleven a su Media
Naranja, osease yo.
Una semana después me veo en un coche con Mamá Criaturita,
Papá Criaturita (los cuales conozco en ese momento) y las Criaturillas. Yo como
Media Naranja que no sabe donde meterse hago de tripas corazón y 5 minutos
después manteníamos la conversación más distendida del mundo. Lo bueno de vivir
momentos surrealistas es que nunca sabes con qué te van a sorprender.
Llego a Colorín Colorado con ganas de ver y matar sin poner
prioridad a una o a otra a la Criaturita Inocente. Una vez allí todos
respiramos tranquilos, no ha sido tan malo y ya pasó lo peor.
Ponerte a comer en casa ajena es cuanto menos extraño. Nunca
sabes que puede pasar. En este caso Abu Criaturita nos sorprende con un
maravilloso pastel de limón, que no sabia ni a pastel ni a limón, pero con toda
la buena cara que uno puede poner comiendo el OVNI pasteril dices el famoso “ummmmmm que
ricoooooo” y quedas bien y lleno. Este hecho no hubiese tenido más repercusión
de no ser por que quejándose Criaturita Inocente del tamaño del corte, Mamá
Criaturita me echa el cacho mayor.
Pasado el día, volvemos dejando a mi pobre Criaturita
Inocente con ganillas de más y quedándome yo consolada de haberle visto por lo
menos un día. Pensando que había pasado lo peor paramos de camino por un pueblo
“para ver a los últimos”. La última presentación, animada por cómo había ido la
primera no me esperaba lo que se venía encima. Una terraza de bar se convierte
en punto de encuentro y reunión cual Plaza Mayor de Salamanca debajo del reloj. Media
Naranja exprimida y echa zumo se consuela con “por lo menos lo paso todo junto”.
Ayyyyy la familia, que solo hay una, pero que bonito
conocerla…


